Mucho se habla de liderazgo. Busco por doquier y no encuentro porcentajes, que tanto me gustan. Muchos expertos coinciden en perfilarlo. Tanto en sus connotaciones positivas como en las negativas. A falta de estudios a mi alcance, colijo a partir de la observación: la mayoría se hacen. Y voy más lejos aún: la mayoría de esta mayoría, no quería serlo. No estaba en sus planes.

Por: Sergio Lujambio

En el seno de las organizaciones empresariales y burocracias gubernamentales o sindicales, el paso del tiempo y la demostración de conocimientos y habilidades mediante entrega de resultados, pone a la gente en la mira de los que lideran, para ocupar puestos clave. De entrada buscan a los líderes natos.

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Es más fácil hacer a los líderes tus amigos, que hacer a tus amigos líderes (y más rápido y barato), pero es riesgoso. De entrada, porque quien no ha aprendido a obedecer difícilmente podrá mandar. Lo sabían los griegos, lo refrendó Tomás de Aquino. Y es un asunto de humildad, por una parte. Por otra, de aprendizaje y consciencia. Trata a los demás como querrías que te tratasen a ti, por ejemplo. 

Se pueden tener los conocimientos necesarios para desempeñar una posición, y hasta la actitud. Pero hay talentos sutiles, que todos tenemos como equipo de fábrica y que están instalados en nuestros cinco sentidos y en el llamado sexto: el intuitivo. Pero hay que trabajarlos y desarrollarlos con pautas.

Para nadie es un secreto que una (la más frecuente) de las formas de ingresar más, es siendo un conserje. No, no se ría, es en serio. Sí, un “serge” en el sentido sumerio: “aquel que está a cargo y cuida de un grupo de personas”. De ahí viene sargento. Pero el sargento no tiene dificultades: comanda. No ha de consensuar ni recoger opiniones nunca. No delega las funciones que le son propias. Lo tiene prohibido. Pero un “conserge”, sí. Puede usar (depende de una situación determinada) el “porque lo mando yo”, o convencer. Motivar. Hacerse cargo y responsabilizarse de que por todos los medios, todos persigan la misma visión, que es el proyecto entuasiasmante de vida en común.

Todo empieza con conocerse a uno mismo. ¡Ah, los antiguos griegos, qué secuelas de reflexión nos dejan aún! Tanto en las posiciones organizacionales de liderazgo como las subordinadas a éste, los que suelen tomar roles de líder son dos, predominantemente: los dominantes y los influyentes.

Los primeros suelen estar orientados al resultado desde la extroversión, los segundos, más a las personas y también desde la extroversión. Ambos son perfiles naturales, y son perfectamente moldeables y matizables para un mejor liderazgo por uno mismo, pues no hay mayor señorío que el que se tiene sobre uno mismo. Dominio, se llama.

Y es que aquellos muy orientados a las personas no suelen detenerse a ver los resultados y divagan, y por el contrario los muy orientados al resultado no ven a las personas… y friccionan. Con propios extraños. De ahí la importancia del dominio: ambos extremos son matizables. Para beneficio de la convivencia y de los resultados.

Existen otras dos tipologías. La de la gente orientada a las personas desde la introversión, la reserva, el sigilo. Y está la de aquellos que son orientados al resultado y la medición desde esa misma introversión. No suelen aspirar, incluso suelen apartarse para no ser vistos, a posiciones de liderazgo. No obstante, sus buenos oficios muchas veces los ponen, y por sentido del deber aceptan, en posición de mandar. 

Cada uno de estos perfiles de base, desarrolla generalmente a base de moretones y chichones su estilo personal de gobernar. Pero vivimos tiempos de cambio acelerado y los tiempos de aprendizaje de estos talentos sutiles, apremian.

Es fundamental que empresas, organizaciones burocráticas, sindicaturas de todo tipo (vecinos, empresarios, emprendedores, trabajadores de toda especialidad), inviertan en el desarrollo de talento y habilidades de liderazgo. Y paralelamente, de innovación. Porque no hacer nada, es ir en reversa. Se avecinan tiempos convulsos para la humanidad, merced a transformaciones sociales, económicas, tecnológicas y climáticas. Debemos estar preparados para liderar los cambios en el lugar que ocupemos en la sociedad. Es urgente e importante.

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