A menudo abrimos páginas web de empresas, o visitamos una oficina corporativa privada o pública y esperamos en recepción unos minutos, o más. Es habitual que, de forma digital o decorando unas paredes veamos -y a veces leemos- declaraciones portentosas de “Visión, Misión y Valores” y ello por hacer tiempo antes de ser atendidos, o por una cierta curiosidad antes de dar paso a lo que buscábamos concretamente en una web.

Por: Sergio Lujambio

Lo cierto es que después de que Michael Porter divulgara sus tesis con los elementos para una correcta Planificación Estratégica, y de que más adelante toda clase de consultores vinculados a la implementación de ISO 9000 (y sucesiones) lo impusieran como prerrequisito, se popularizó casi como una moda la confección de DAFOS/FODAS/SWOT para las cuales, empresas y directivos se lanzaron a declarar, a veces largas y -las menos- cortas: Misiones, Visiones y Valores (MV&V).

No hace falta ser consultor experto en administración, filólogo o un talento en programación neurolingüística para que, con un poco de interés en leerlas, uno se percate de que en su mayoría estos asertos son, a saber:

  • Catálogos de buena intenciones o…
  • Prosa poética.

Lo que no es medible no es alcanzable. Ni mejorable. Hace ya décadas el PhD Ríaz Khadem escribió al alimón con Robert Lorber “Administración en una Página”, del que posteriormente surgió “Alineación Total”, en coautoría con Linda Khadem.

De sencilla lectura (pues es la historia de un personaje), el mensaje esencial es: tanto la Visión -entendida como prospectiva de futuro- como la Misión -razón de ser de un grupo de personas- y, finalmente, los Valores en los que creen -o creen que deben creer, compartir y suscribir- y bajo los cuales dicen que se van a regir, han de ser medibles y alineados.

Una vez asegurada la mesurabilidad de todo, el liderazgo debe garantizar que todas las personas situadas en los primeros niveles de un organigrama sepan con exactitud cómo contribuyen a la consecución de aquello que fue declarado y escrito. Tanto para rendir como para pedir cuentas y responsabilizarse los unos con los otros. Y los unos de los otros. Sin excusas.

Reflexiona sobre visión, misión y valores

Convertir MV&V consensuados y divulgados en factores críticos de éxito o de influencia, asignables a personas específicas, en cascada, por toda la organización. Sí: incluso la solidaridad o el trabajo en equipo deben estar procedimentados.

Decir que la Visión es meramente “ser un referente” o “líderes en nuestro sector” -por poner dos ejemplos- es de lo más frecuente. Y es lo mismo que no decir nada. Declarar que la responsabilidad social, alegría, solidaridad, honestidad, innovación etc. son valores de la organización, es bien estéril si no hay forma de certificar tales afirmaciones, medirlas, discutirlas y corregir comportamientos no deseados, incentivando la repetición de los que sí que son deseables.

Las declaraciones de MV&V se toman por lo general muy a la ligera, incluso en organizaciones gigantescas. De todo el mundo. Hay que detenerse y reflexionar sobre esas tres claves, que son básicas para la construcción de un proyecto entusiasmante de vida en común.

Seas o no el responsable de haber elaborado MV&V debes hacer ese ejercicio de exploración tanto si eres quien dirige como si no. Si no eres quien lleva las riendas, cuestiónate si la MV&V de tu empresa es congruente con lo que tú piensas, sientes y haces en tu puesto.  Si la respuesta es negativa, plantéate qué demonios haces todavía ahí.

Alinear, alinearse, alinearnos no es alienarnos. Es remar todos en la misma dirección y cada cual aportando lo mejor de sí.

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