Por Gina Aran

Rita Levi-Montalcini, neurobióloga italiana, premio Nobel de Medicina por haber identificado un factor de crecimiento de las células nerviosas, describió en su autobiografía “Elogio de la imperfección” las ventajas de la misma. Recomiendo por cierto este libro, reeditado por Tusquets en 2015.

Afirma esta mujer científica que “el progresivo aumento del cerebro y el espectacular desarrollo de las capacidades intelectuales de nuestra especie son producto de una evolución inarmónica que ha originado infinidad de complejos psíquicos y de comportamientos aberrantes”, no como sucede en otros primates que tienen “fijeza evolutiva” porque su modelo adaptativo ya funciona.

La perfección del modelo inicial de algunas especies para adaptarse al ambiente ha hecho que se estancaran evolutivamente, al contrario que el ser humano, que se actualiza de manera continua. El hombre parece haber encontrado la clave de su evolución en la imperfección. Es decir, la imperfección no debe hacernos aspirar a la perfección sino a la mejora continua.

La imperfección no debe hacernos aspirar a la perfección sino a la mejora continua”.

Desde el momento que la imperfección nos hace buscar su contrario, la perfección, se plantean áreas de mejora, lo cual apunta a que la imperfección es una ventaja evolutiva. Por otro lado, el hecho de evolucionar a través de la adaptación nos define un tipo de inteligencia, con lo que parece aceptable afirmar que somos inteligentes porque somos imperfectos.

De hecho, esas áreas de mejora que alumbra la imperfección no representan otra cosa que un motor de cambio, la posibilidad de sumar al diagnóstico la actitud para mover los engranajes necesarios para seguir persiguiendo estándares más elevados.

Cuando hablamos de equipos de alto rendimiento, estamos valorando la eficiencia desde una triple perspectiva: resultados, aprendizaje e interacción social. Esta interacción es necesaria para que los miembros se conozcan mejor y sepan afrontar los próximos retos con mayor coordinación y eficiencia. Cuando sabes cómo son tus compañeros, afinas la comunicación. En este sentido, hay que decir que ser imperfectos nos acerca, nos invita a colaborar, nos vincula afectivamente nos hace sentir seguridad, confort y confianza a través del apoyo mutuo.

Ser perfectos nos impide salir de la zona de confort, correr riesgos, …con lo cual nos estancamos. Hoy las empresas deben predicar desde sus cúpulas la innovación como una actitud y la creatividad como hábito para mantenerse atractivas en el mercado. Pero creatividad es precisamente tomar riesgos, explorar, experimentar, salir de esa zona cómoda en que “siempre se ha hecho así”. Por tanto, será necesario gestionar con normalidad el fracaso y que no sea la palanca del rechazo.

¡Ojo! No estoy animando a acomodarse en los propios defectos, o a justificar determinadas actitudes. La imperfección es ventajosa solo cuando hay actitud de mejora.

Ser perfectos nos impide salir de la zona de confort, correr riesgos…con lo cual nos estancamos”.

No pensemos en lo que nos falta o lo que no podemos hacer, es mejor enfocarnos en qué podemos hacer creativamente con lo que tenemos. Este enfoque nos permite sentirnos empoderados, sin limitaciones.

Quizá los líderes deban a partir de ahora aprender a gestionar lo imperfecto, a través de la complementariedad y el aprendizaje enfocado de los miembros del equipo.

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