Sin comerlo ni beberlo la explosión mundial de las últimas semanas nos ha puesto a todos en un escenario diferente con reglas, herramientas y estructuras difíciles de asimilar. Los que hablábamos de la necesidad de una nueva generación de líderes para gestionar el entorno VUCA nos quedamos cortos, ya no es una necesidad, es una urgencia. Ha llegado el momento de ser fuerte, inspirar y empujar a nuestros equipos para superar la cruzada que nos espera.

Las personas que actualmente ostentan cargos altos o intermedios son clave para desplegar una ansiada hoja de ruta a corto plazo, que ayude a aumentar la capacidad digital de sus colaboradores. La manera de pensar debe adaptarse a una estrategia empresarial que se alinee a una nueva y necesaria organización digital. Para conseguirlo en este nuevo paradigma, las organizaciones deben contar con líderes dispuestos a reinventarse y a comprometerse en el desarrollo de nuevas formas de relación y gestión.   

Desde esta perspectiva, llegó la hora de que el líder digital accione sistemáticamente, en mayor o menor medida, siete palancas clave: 

 

  • Auto desarrollo. El liderazgo empieza por uno mismo, y en estos momentos, más que nunca. Desde el autoconocimiento y la reflexión profunda del líder, éste debe autoevaluar proactivamente su capacidad digital y poner remedio a sus áreas de mejora en este ámbito. Se trata de ser críticos y poner en marcha procesos propios de “reskilling”, de reentrenamiento constante para adaptar su propio desempeño. Predicar con el ejemplo con una mentalidad abierta al aprendizaje continuo y al cambio, le permitirá ser auténtico y creíble en momentos difíciles.    

 

  • Impulso de la tecnología. Estar al día de las novedades tecnológicas permite apostar por las soluciones más adecuadas en cada momento. Además, inspirará e impulsará al equipo de trabajo a dominar las herramientas digitales que aporten competitividad y valor diferencial a la organización.

 

  • Gestión de las emociones. En momentos de incertidumbre las emociones están a flor de piel, y poner el foco en las personas y en los equipos con la capacidad de transmitir confianza y seguridad, sólo es posible tomando el control de las emociones propias y ajenas. Acompañar a quienes más lo necesitan, saber leer, entender y compartir las emociones en la distancia, conectar a las personas del equipo, respetar el tiempo de conciliación… En definitiva no perder el enfoque humano en momentos de crisis.   

 

  • Comunicación constante. En momentos de cambios tan acelerados, nos estamos encontrando con gran volumen de información, saber filtrarla y gestionarla adecuadamente en función de la evolución no será tarea fácil. Pero nos acercaremos a una información adecuada, contrastada y de calidad si somos persistentes en la tarea y no dejamos que la desinformación informe por nosotros.

 

  • Agilidad. En un entorno en el que todo está sucediendo a gran velocidad sólo a través de un marco de trabajo ágil podremos conseguir adaptarnos y proporcionar valor a nuestros clientes. Cómo explicábamos en el post “Sin compromiso no hay Agile”, el establecimiento de compromisos colectivos a través de los pilares de la agilidad, construyendo indicadores para ser revisados y ajustados, es el único camino para responder a las necesidades que nos demanda el entorno.

 

  • Adaptación de la naturaleza de los trabajos. La forma de trabajar y como nos estamos organizando en el nuevo escenario digital cambia. Trabajar desde la colectividad y el compromiso, con herramientas digitales, en reuniones a distancia y con un foco a corto, provoca que los trabajos deban adaptarse a cada momento y situación. Y con ello, el líder y sus habilidades deben transformarse a facilitar esa adaptación como un núcleo clave de su actividad.

 

  • Fomento de la colaboración transversal. El líder no sólo debe tener en cuenta a su equipo, sino también con quién trabaja su equipo interna y externamente. Para ello, es primordial impulsar herramientas digitales que fomenten la colaboración intra e interdepartamental, sin olvidar estar conectado hacia fuera a través de un uso profesional de las redes sociales. Fomentar ser un “networker” ayudará a encontrar sinergias, alternativas, y en definitiva, soluciones.

 

Estamos en un nuevo ecosistema digital, dónde el líder ya no será aquel que posea el galón o el título, sino aquel que utilice mejor y más ágilmente las palancas clave del liderazgo. Sin lugar a dudas, el líder digital se está centrando en las nuevas oportunidades que acarreará seguro la nueva la situación actual, para desarrollar capacidades que adquieran nuevas formas de hacer y gestionar. No perdamos más tiempo. 

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