Empresarios que se escandalizan porque una subdirectora de Trabajo les reclama que utilicen lenguaje inclusivo en sus ofertas de empleo, se llevan las manos a la cabeza porque piensan que la funcionaria de turno no tiene otra cosa que hacer, se quejan de que ésta no sabe cuáles son sus verdaderas prioridades… Empresarios mofándose incluso de la existencia de un Ministerio para la Igualdad… Esto es real y está sacado de una conversación de ámbito empresarial hace tan solo unos días.

2021 y así estamos. Pero, ¿de dónde venimos?

En 1848 tuvo lugar la primera convención nacional por los derechos de las mujeres en Nueva York, promovida por Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott.

El 8 de marzo de 1857, las mujeres que trabajaban en la industria textil en Nueva York, organizaron una huelga por la mejora de salarios y condiciones laborales. Pero fueron detenidas. Medio siglo después, el 8 de marzo de 1908, las mujeres volvieron a salir a la calle reclamando mejores salarios, derecho a voto y prohibición del trabajo infantil. Más de medio siglo sin apenas cambios.

Los cambios sociales y políticos son lentos. ¿o lo es la voluntad de evolucionar? ¿o es la acomodación a culturas que favorecen los intereses de algunos? ¿o es simple ceguera?

Como es sabido, el trágico incendio ocurrido en marzo de 1911 en una fábrica téxtil de Nueva York, en la que perecieron más de un centenar de trabajadoras, dio impulso a la lucha de las mujeres. Pero no fue hasta 1975 que las Naciones Unidas celebraron por primera vez el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo. ¿Cuántos habíais nacido ya y os consideráis hombres y mujeres en favor de la igualdad? ¿Estamos haciendo algo al respecto?

La igualdad de género es hoy uno de los ODS 2030 de la ONU. Sin embargo, esto no sucederá hasta dentro de 100 años según el WEF. Si el planeta Tierra todavía existe para entonces, lo verán tus ta-ta-taranietas o nietos, la 5ª generación después de ti. Sinceramente, no me cabe en la cabeza.

Nos consideramos una sociedad avanzada y sin embargo no comprendemos las ventajas de tener en cuenta a todos sus miembros por igual. En realidad, somos una sociedad mutilada si no reconocemos todos los talentos que en ella conviven. ¿Podéis imaginar cuan avanzada sería nuestra sociedad si se tuviera en cuenta el talento femenino?

Por ejemplo, mientras detenían a las “garment workers” en 1857, Ada Lovelace era pionera en informática y había creado el lenguaje de programación. Pocos años después, Berta Benz sería la primera persona (no la primera mujer, la primera persona) en conducir un vehículo motorizado una larga distancia, lo que hoy llamamos coche; ésta además inventó la pastilla de freno y Mary Anderson el limpiaparabrisas unos años después.

Esta ‘sociedad avanzada’ debe muchas de sus comodidades tanto a hombres como a mujeres talentosas en todas las disciplinas a lo largo de la historia, no haremos una lista reivindicativa, basta con ser conscientes de que siempre es el más fuerte el que cuenta la Historia. Por ello es importante visibilizar.

¿Qué nos depara el futuro? Pues lo que hoy construyamos, probablemente. Nuestros hijos e hijas vivirán ese futuro y espero que no sean nuestras ta-ta-taranietas y nietos quienes finalmente vivan en igualdad. Es necesario cambiar mind-sets cuanto antes, admitir a más mujeres en puestos de decisión, buscar siempre la complementariedad, animar a las mujeres a seguir carreras STEM, a ser empresarias…. Por ello debemos visibilizar: todas las mujeres que ocupemos alguna de esas posiciones debemos dar un paso al frente para normalizar, para apoyar otras mujeres y para inspirar a las más jóvenes.

¡No podemos esperar 5 generaciones más! Ni las mujeres, ni la sociedad.

Pero visibilizar no basta. También es una cuestión de justicia social: ¿a dónde nos lleva mantener brechas y techos de cristal? ¿A quién le interesa la desigualdad?Hombres y mujeres -personas- queremos vivir en una sociedad de bienestar y queremos lo mejor para nuestros hijos e hijas… Y  por cierto, lo de tener descendencia ¿no es cosa de tod@s?, deseamos perdurar, sí, pero la mujer no debería tener que decidir sacrificar su carrera o su maternidad. Organicémonos para que aquellas mujeres que quieran puedan ser madres sin quedar profesionalmente descatalogadas. Y si las hay que deciden consagrarse a la maternidad, protejámoslas para que tengan seguridad y puedan reincorporarse en otro momento de sus vidas.

Son urgentes cambios culturales porque la desigualdad es una enfermedad que acaba con el progreso y porque hay una parte de nuestra comunidad que sufre. Seamos civilizados.

La mayoría de países garantizan en sus cartas magnas la igualdad entre hombres y mujeres, sin embargo, la discriminación persiste, directa o indirectamente, debido a estereotipos y prácticas sociales.

Cualquier persona individualmente y cualquier empresa puede y debe facilitar el cambio cultural.  Observad y cambiad conductas estereotipadas, como pensar que la imposición de una cuota de igualdad en las empresas/instituciones significaría admitir a mujeres poco preparadas. Siempre he creído en la meritocracia, pero hay tal cantidad de talento femenino en la sombra y en potencia -los números hablan-, que el hecho de establecer una cuota paritaria puede favorecer la actitud de buscar y aflorar ese talento. Es necesario acelerar el cambio. En plena guerra por el talento… ¿qué estamos haciendo?

He defendido siempre la complementariedad de personas y contribuyo a empoderar a la mujer líder a través de programas de liderazgo femenino. Pero acostumbro a romper una lanza por todos aquellos hombres líderes que están preparados, que son empáticos, que son comunicativos, visionarios y estratégicos, rasgos que tradicionalmente se atribuyen a las mujeres, dicen…

Menos egos y más personas, talento y derechos. Menos escandalizarse y más enfocarse en mejorar el futuro inmediato.

 

 

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