A medida que van avanzando las semanas desde la explosión mundial de la pandemia del COVID-19, somos más conscientes de que las maneras de trabajar deben ir adaptándose a la evolución del entorno. Y ante las diferentes posibilidades que tenemos, existe una que cumple con todos los requisitos para afrontar la nueva realidad: los marcos de trabajo ágiles.
Para aquellos que no los conocen, recomiendo el siguiente artículo
“¿Cuáles son las ventajas de las metodologías ágiles?”, de obligada lectura para cualquier directivo o directiva.  

Para aquellos que ya empezaron a trabajar con este tipo de metodologías, ya saben que no es tan fácil su implantación. Requieren un cambio de “mindset” en las personas, una gran capacidad de adaptación y mucha exigencia.

La base de la agilidad está en el “mindset” o en la mentalidad de los miembros del equipo de trabajo o desarrollo, en cómo piensan y, en consecuencia, en sus comportamientos. Por tanto, antes de implantar cualquier metodología ágil debemos adecuar liderazgo, procesos, organización y comportamientos, para conseguir trabajar con autonomía, en redarquía y colaborativamente. Agile siempre comporta cambio cultural.

Además, la agilidad no es rapidez. Las metodologías agiles son marcos de trabajo que favorecen la adaptación a entornos inciertos e imprevistos como los actuales. Son formas de trabajar poniendo a las personas y los clientes en el centro, y a través de sus interacciones, adaptar el valor o producto a las necesidades de los mismos. Si este proceso es eficiente es cuando reducimos riesgos, y al adaptarnos a la demanda, aseguramos y aceleramos la fidelización del cliente.

Aunque Agile nació hace más de diez años de la mano de los gigantes del software, es aplicable a cualquier sector y empresa. En estos casos, entender la agilidad como un marco de trabajo ágil y no como una metodología es importante. La capacidad de adaptar estas formas de trabajar a tu actividad es extraordinaria pero a la vez muy exigente. Requiere orden y transparencia, además de adaptar herramientas, técnicas y mediciones. Los pilares de transparencia, medición y adaptación siempre deben estar presentes si queremos conseguir los resultados esperados.

En nuestro último “HR Coffee Sharing”, un espacio abierto creado por Inginium y TeamEQ para todas las empresas que quieran compartir experiencias, debatimos como las metodologías Agile nos ayudaban en el  trabajo en remoto. Las conclusiones fueron que proporcionaban:

  • Autonomía y resiliencia. Los equipos ágiles están formados por equipos multidisciplinares acostumbrados a trabajar con autonomía y a distancia. Son equipos pequeños (entre 4 y 8 personas) fáciles de gestionar y ágiles ante los cambios.
  • Foco en los objetivos. Estar centrados en entregas de valor a corto plazo (los llamados “sprints”) favorece la priorización y la eficiencia, tan necesarias cuando se trabaja en remoto.
  • Coordinación y colaboración entre los equipos. A través de los “daily meetings” reuniones cortas diarias cada miembro explica qué tareas ha realizado, el estado de las pendientes y que barreras no les permiten avanzar. Estas reuniones pueden resultar hasta más eficientes si se realizan a distancia.
  • Comunicación transparente. La utilización de herramientas ágiles y tecnológicas eficientes como por ejemplo Trello o Asana, favorecen la comunicación entre los componentes de los equipos y la transparencia entre ellos, sin la necesidad de estar en un mismo lugar.

Variables todas muy deseadas en la situación que vivimos. Que Agile nos facilite el desarrollo de estas variables clave en nuestros equipos, nos hace pensar que merece la pena el esfuerzo de implantar estos marcos de trabajo en nuestras organizaciones. Probablemente no será la mejor manera de trabajar en el futuro, será la única.

Por estos motivos, nuestros esfuerzos se centran en el desarrollo de productos como TEAMGINIUM, que mide los factores emocionales personales y grupales, para un posterior acompañamiento vía coaching, una manera de asegurar los pilares de transparencia, medición y adaptación de cualquier cambio cultural. No olvidemos que las personas y sus interacciones son las claves del éxito Agile. Sólo con la mejora continua de dichas interacciones, que deberán combinar la presencia y el remoto en un futuro muy próximo, conseguiremos adaptarnos a las demandas de cada situación.

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