¿Cómo prever las habilidades necesarias en el futuro? ¿Cómo prepararse ahora para profesiones que todavía no existen?

Escrito por: Gina Aran

“Esto no va conmigo” es una frase que vamos a dejar de decir en todos los sectores. El avance tecnológico es exponencial, lo cual está conllevando una transformación en todos los ámbitos productivos. Las empresas necesitan ser competitivas y por ello buscan la manera de responder más y mejor a las necesidades de su cliente, el cual se ha vuelto más exigente, pues tiene mucho donde elegir. Incluso un profesional autónomo es consciente de que tiene competidores y se esmera en ofrecer servicios de una forma más personalizada, precisa, adaptable y ágil.

La tecnología nos ayuda a ser más competitivos, es decir a ganar y consolidar nuestro hueco en el mercado. Las empresas utilizan herramientas de análisis de datos, automatizan procesos, invierten en robots e inteligencia artificial y apuestan por la transformación digital en todas las áreas.

De hecho, la digitalización marca el paso hacia la llamada cuarta revolución industrial, de la que no va a escaparse ninguna actividad empresarial o profesional, en mayor o menor medida, tarde o temprano.  En efecto, ya está impactando profundamente en la aceleración de los cambios del mercado laboral y, concretamente, en las competencias que las empresas necesitan para hacer frente a sus retos competitivos.

¿Cómo prever las habilidades necesarias en el futuro? ¿Cómo prepararse ahora para profesiones que todavía no existen? Según el World Economic Forum (WEF), entre el año 2018 y el 2022 habrán desaparecido 75 millones de empleos, pero habrán surgido otros 133 millones de nuevos roles. Nos hallamos algo más allá del ecuador de este periodo y ya estamos observando cambios en las estrategias de gestión del talento.

Para una empresa es muy complicado encontrar personas realmente preparadas para el cambio, existe una brecha de talento cada vez mayor. No se trata meramente de saber utilizar herramientas digitales, sino de tener, entre otras, las siguientes soft skills

  • pensamiento analítico, crítico y orientado a la innovación,
  • ser capaz de resolver problemas complejos,
  • saber evaluar y repensar sistemas,
  • trabajar en equipos ágiles
  • autoorganizarse,

y además

  • ser creativos, originales,
  • tener iniciativa,
  • liderazgo e influencia y
  • mucha, mucha, capacidad de autoaprendizaje.

Reskilling y upskilling, imprescindibles

Indudablemente, la tecnología es capaz de substituir tareas que realizan las personas y llevarlas a cabo de forma más precisa, pero debemos ver esto como una oportunidad de evolucionar, si no queremos que el valor del capital humano se erosione. Las personas deben tener capacidad de adaptarse a los cambios, por tanto, en primer lugar, se necesita motivación y agilidad, junto con una buena mochila de capacidades para afrontarlos, lo cual por definición obliga a un aprendizaje continuo.

Las mal llamadas soft skills (competencias blandas), es decir habilidades intra e interpersonales de carácter transversal deberán conducir a la adquisición de habilidades más específicas y técnicas, denominadas también hard skills. Ambos tipos de habilidades, combinadas, capacitan al trabajador para desarrollarse y aportar valor. Son imprescindibles pues la gestión emocional y las habilidades sociales para abordar la adquisición de competencias digitales, como lo es crear ecosistemas que favorezcan la inteligencia colectiva en procesos horizontales.

Dada la dificultad para encontrar talento, las empresas están centrando sus esfuerzos en el “reskilling”, es decir en formar a sus colaboradores para que desempeñen nuevas funciones en otras áreas, de hecho, pasan a asumir roles distintos en la organización y esta rotación permite no solo adquirir nuevos conocimientos y habilidades sino comprender los trabajos de los demás, empatizar con sus dificultades y mejorar la eficiencia grupal. Por tanto, potencialmente aumenta la capacidad de adaptación de la empresa.

Otra forma de asegurarla a futuro, es decir de manera sostenida, es la capacitación adicional o “upskilling” en todas aquellas materias que le permitan desempeñar mejor su trabajo y por supuesto le ayuden a desarrollar habilidades para afrontar el cambio tecnológico, así como también a anticipar las necesidades de talento. El mismo WEF apunta a que en 2022 el 54% de los empleados necesitará actualizar sus conocimientos, y muy probablemente este porcentaje seguirá aumentando.

Si las empresas están comprendiendo la importancia de abordar la transformación digital a través del desarrollo del talento y del cambio cultural, bien haríamos las personas en salir de la zona de confort y comprender que la cuarta revolución industrial nos afecta a todos, la digitalización “sí va contigo”.

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